domingo, 16 de octubre de 2011

Reflexión

Un año ha pasado desde la última entrada. Os confieso, es un reto, estoy esperando a ver cuando bato mi propia plusmarca de pereza.

Hace justamente 2 días mencionaba el deseo de eliminar este blog, estaba bien dispuesta a ello, porque parece más bien el escaparate de una friki, como el de dos cientos mil más que navegan por ahí que me parecía que nada nuevo aportaba, y no generaba ningún tipo de discusión o debate. Pero bueno, esto es el pan de cada día en la red. Se estila tener un millar de blogs que sigues, y en ninguno comentas, y así pones a prueba la fuerza de voluntad del autor, que a veces ni con alto narcisismo sobrevives a ello, y pues terminas haciendo lo que estuve días pensando, cerrar el tenderete. 

No quisiera que se me malinterpretara, no culpo a los curiosos que saltan de blog en blog, sería muy estúpido, pues yo termino repitiendo la misma consigna y rara vez hago excepciones a esta regla, lo peor es que al final se lo comentas a tú amigo "eh que blog más chulo" el otro lo visita, "si está muy bien" y ya está, ahí termina la rueda, porque tampoco es probable que comente nada en él. Así que el blog termina siendo un poco un diario de algún lobo solitario, no todos claro, podría citar muchos donde hay más respuestas que widgets.Pero no me parece que sea la norma general(eliminad el circulo de amistades del autor).

Leyéndome parezco una dramas. Pero no, esta entrada va dedicada a un joven desconocido felicitándome por un blog que tengo abandonadísimo. No puedo esperar una palmadita en la espalda cada vez que escribo,(aunque en mi mente narcisista-patológica esté deseándolo) así que gracias a este pequeño suceso he decidido que pase el tiempo que pase, no eliminaré el blog. 

Lo de actualizarlo asiduamente es como los propósitos de año nuevo. Pero eso, es otra historia (10:21).
 

jueves, 19 de agosto de 2010

Film Noir I





 
Después de 5 meses vuelvo a la carga, con un gran arsenal para dinamitar el blog con entradas de tintes negruzcos como la noche. Toca delinquir y hacerme con el control de la blogosfera cinéfila, o almenos eso se creería James Cagney si viviese en la era cibernética, y le hiciese una puesta a punto a sus redes sociales mientras se empolla el manual del buen hacker. Demos un paseo por los callejones. Empezaré con dos bestias pardas. The Enemy public de W.Wellman, y White Heat de Raoul Walsh (Al rojo vivo). Obviaré que a muchos les darán orgasmos otras, y éstas les patinen anchamente, pero como este es mi blog, yo tengo privilegio de selección, equiparable a quién conduce, elige música. 
The Enemy public, iniciando el film noir. Mucho le debe The Godfellas de M.Scorsese (Uno de los nuestros)que prácticamente planta los cimientos en una historia sino idéntica prácticamente calcadita. Siendo espectadores y partícipes de la evolución de un mocoso rebelde de la calle, Tom Powers, (James Cagney) que aspiraba a la codiciada plaza de poder y ambición, con la misma rapidez con la que se desploma hacia el inframundo, como todo cliché en cine gangsteril. Una cinta llena de expresionismo y atroces lecciones morales, donde el antihéroe por antonomasia empatiza con nosotros hasta tal punto que no es que perdonemos sus códigos inmorales es que disfrutamos con ellos, porque la mayor parte del tiempo solo queremos que Tom Powers se salga con la suya gracias a su astucia mientras deja atrás a los traidores, perdedores, soplones, matones de poca monta, y polícias que dan traspiés constantemente. Cierto es que si el auge tiene su caida es porque quién lo recibe es un hombre, y aunque este se dedique a saquear, traficar y matar a sangre fría como indica su “oficio” no deja de convivir con ciertas limitaciones emocionales, y la venganza es un precio alto por el que pagar cuando te encuentras de bruces con ella en una posición donde la ley la ejerces y la limitas tú mismo. Para la época The Enemy Public derrocha un lirismo apabullante, donde el descenso a la perdición es casi como una opera, una redención por todo lo que pudo gozar Tom Powers en la cima, y porque aunque tú, como espectador y acompañante, sabes que esto no es un cuento de hadas, nunca terminas de sorprenderte por la poderosa dirección de Wellman e interpretación de James Cagney ahogado en la desesperación y la locura de estar en un callejón sin salida.
White Heat una pieza redonda, tan precisa y perfecta como un reloj suizo. Si antes hablábamos de que Scorsese se empolló The enemy public, Hitchcock más que empollarse, se inspiró en la psicosis de Cody Jarret y su madre, en Psicosis. Volvemos con un Cagney apoteósico, cargado de poder y arrogancia, inteligente hasta la médula, porque cuando todos van, él va y vuelve sin que dé tiempo a pestañear tan siquiera, mucho más temerario y psicótico. La película arranca con el asalto a un tren, hasta aquí nada sorprendente, mucho menos original, tanto da, una excusa barata para presentar a Cody y su forma de trabajar, y para darle ese toque carismático e intocable al lider, bastará con presentar 3 o 4 necios, un listillo envidioso, la mujerzuela sin escrúpulos, y aquí viene el punto distintivo, la madre de Cody. De la que sufre una dependencia psicoafectiva, además de ser la que corta y reparte el bacalao al nivel de su hijo, añadiremos también a la cazuela una sabrosa salsa policial, que le dará a la trama mayor profundidad, suspense y complejidad, introduciendo así aquí el antítesi a Cody a la par que se funden en uno mismo durante la estancia en la carcel, y por fin ,encontraremos verdaderos detectives que merecen la placa desde principio a fin de la historia. La película nos recordará de nuevo lo más arrollador del género, la traición, la venganza y la perdición de un hombre, aunque éste último quedará difuso porque el protagonista no olvidará dejar en constancia que jamás será consciente de esa ruina, no desciende como hizo en la escalonada The Enemy public, él se abastece en la cima dándole la espalda a la perdición, y ese es el gran jaque mate de la película para mi.

lunes, 22 de marzo de 2010

Rohmer nos deja con su naturalidad compleja





N
o trataré de explayarme en los inicios que tuvo como editor de la prestigiosa revista de cine Cahiers du Cinema, o a enumerar sus diversos logros y aportaciones cinematográficas a la Nouvelle Vague que ha dejado tras de si. Mi propósito se centra más en hallar su esencia. La naturalidad de la objetividad.

A veces la linea entre crítica y realización es tan fina como invisible en el caso de Rohmer, u otros de sus colegas contemporaneos, como Godard o Rivette. El estudio y análisis religosamente minucioso de las películas le ha hecho saltar del papel a la cámara, plasmando en la última, la filosofia y reflexión de la primera que recogen la mayoría de los personajes de sus obras, desde sus inquietudes, sus miedos, anhelos y frustraciones, hasta alcanzar contradicciones que dejan al espectador en estado de reflexión, y será donde conocemos un mundo objetivo a través de la subjetividad de los protagonistas que encarnan trabajos divididos la mayor parte en tres ciclos: comedias y probervios, seis cuentos morales y cuentos de las cuatro estaciones. Volvamos a la objetividad de la que hablaba anteriormente, y es que parece ser una busqueda incansable de la realidad humana, de la ontología cinematográfica para Rohmer. Trazamos una diagonal en su filmografia y nos encontramos desde a una chica entre dos hombres jugando al juego de la conquista sin dejar que se sepa en La Coleccionista, a otra que sabe con certeza que no es funcional en la vida y que cree fervientemente en ese azar que le espera, sin intención de forzar la maquinaria para que aparezca, en El Rayo Verde, pasando por un complejo triángulo idiológico compuesto de un matemático católico, un marxista filosofo, y una libre-pensadora jugando a apuestas Pascalianas donde se pondrá en tela de juicio sus convicciones e ideales, y donde las contradicciones y el destino jugarán papel importante en sus vidas, todas posturas válidas pero igualmente vulnerables, en Mi noche con Maud, hasta incluso el poder emergente de la juventud, detonando en un maduro pintor donde podemos ver la invocación de belleza tangible y pictórica entrelazándose hasta resquebrajar las certezas del pintor, en La Rodilla de Clara.


Ya suficiente con ejemplificar. Las obras de Rohmer son lecciones de cine en el que basta el departir de unos personajes en escenarios naturales, sin que en medio puedan interrumpir artificios propios de grandes productoras o gigantes del star-system. Aquí la mirada es pura hacia la realidad humana, dejando discurrir con naturalidad el tiempo y las opciones para los protagonistas, sus destinos y sobretodo el azar. La sencillez con que el francés desprende intimidad y complicidad en muchas de las conversaciones que acaecen en sus trabajos, es tal vez, una de las facetas por la cual me embelesa fervientemente, cuanta más neutralidad del personaje más interés tiene, más misterios, por ello juega con distintos radicalismos haciendo de ello un choque frontal donde podemos extraer la riqueza humana a través del cine. El estilo de Rohmer, (y como bien diria el mismo: “la paradoja del estilo es que el cineasta sea el menos consciente de que lo tiene”), es que lo que vemos, las acciones, y lo que realmente es, a través de la voz en off de sus protagonistas, de sus pensamientos, son diferentes, es la eterna contradicción de la vida humana, dando así con la interesante clave de esa objetividad ontólogica que tan bien se le da a Eric Rohmer, y en la que ha dejado un valioso legado a estudio y homenaje.

Nota sobre Shutter Island





M
ás que interesante película del prolífico director estadounidense, Martin Scorsese. Muy alejada de grandes epopeyas líricas como pueden ser las gangsterizadas Uno de los nuestros y Casino, o la controvertida Última tentación de Cristo, pero sin restarle la calidad y el buen oficio a Shutter Island.

Una cinta que tanto evoca al gran clásico del suspense, Alfred Hitchcock como al postmodernista David Lynch. No podría adentrarme meticulosamente en la trama porque revelaría la gracia que adquiere la obra, pero si más no, puedo darle algunas pinceladas a modo de reflexión. He comprobado que existe cierta tendencia a vilipendiar la película, porque en su apariencia, da la impresión de no estar a la altura de la transgresión a la que están tan bien acostumbrados los que se hallan familiarizados con la trayectoria del realizador. Estos últimos, defendiendo sus posturas a través del ataque a una supuesta irracional reverencia, a directores de este calibre -con un peso e influencia más que destacables en el cine- les diré que después de ver y analizar la prueba del delito. Fallo contra el demandante. Es un ejercicio muy impecable sobre la locura y la conciencia humana, en un contexto azotado por la crudeza y violencia del momento, que afecta y penetra en cualquier subconsciente, devorándolo y destrozándolo paulatinamente, viendo la verdadera luz a través de fugas psicogénicas. La película lleva al espectador a la vorágine de la locura. Si, realmente hemos visto mucha locura en el cine, Scorsese no se está llevando la exclusiva, citar películas como: El Resplandor, Spider, Carretera Perdida...etc, pero lo que verdaderamente hace relucir esta cinta y destacarla del resto de este pequeño género es precisamente el concepto de psiquiátrico, su consiguiente evolución e importancia como institución mental en la sociedad, una sociedad de por si enferma y convulsa de guerras, si tenemos en cuenta también la época en la que transcurre la trama, principios de los 50.

Antes citaba a Hithcock y Lynch como fuertes influencias. Bien. Por un lado el suspense está a la orden del día a través de elipsis subjetivas (es decir, todo lo que ignora el personaje, es ignorado también por el espectador) como ya hiciese Sir Alfred con Vértigo, y por otro, el transcurso onírico y pesadillesco que contempla toda la trama a partir del lugar donde se concentran todas las dudas, confusiones, alucinaciones e histerias… en aras a la búsqueda de una verdad que no se puede encajar. Scorsese pone a prueba al espectador, incluso al más exigente, que espera solucionar -al igual que el protagonista- todo el entramado a base de paciencia y templanza, como quién intenta dar con la fórmula mágica para el cubo de Rubik, pero ambas virtudes tienen un límite marcado y establecido en el que ya es tarea difícil mantenerlas cuando estás cada vez más cerca de una respuesta.

Shutter Island es en definitiva un elogio a la locura, y para apreciarlo, antes debes enfrentarte a la realidad tangible de la situación. A partir de ese punto, la obra de Scorsese se centra en una mezcla de ensayo y reivindicación sobre el tratamiento de la locura respecto a la moral social de la época, de forma elegante y sobria, calificativos que van de la mano con semejante autor.

sábado, 31 de enero de 2009

Mirando de Enfocar





Despues de varios meses dejando entre el polvo y las telarañas la decepción que supuso Batman, vuelvo a la carga para suscitar el panorama del cine actual, y algún que otro pensamiento entre psicodélico y “trascendental” todo en un aparente énfasis reflexivo xD. Asumo que mi excusa ha sido regodearme dentro de mi egocentrismo en esta última crítica, una se vuelve cascarrabias cuando intentan presionarle a hacerle ver cosas que no hay, o lo peor de todo, catapultarla como un referente del género. Hace algún tiempo ya, machaco por todo el alrededor mi frustración de encontrarme con directores que creen que la originalidad radica en destacar a toda costa con su aparente radicalidad. ¿Qué podemos decir por “original”? normalmente los que me rechinan suelen ser aquellos que se centran en tramas enrevesadas con giros bruscos o metidos en calzador, luego también tenemos el otro lado “esteta” (nótese el entrecomillado, cada cual con lo que entienda por algo estético) construyendo secuencias videocliperas, que tanto arrasan en la actualidad (escenas de acción que terminas por no enterarte de quien es el perseguido y quien es el cazador) o ofreciendo una estética a la cinta con un visual completamente “alterna”, un ejemplo vendría a ser Sin City, Sky Captain o la Ciencia del sueño, Beowful, 300…etc.

“Todo esto es mierda”, como diría la prepotente Diane Keaton en Manhattan, todo ello, en un tono cómico y provocador, por supuesto. Tampoco soy una amargada que piensa que como el cine “retro” nada, hay esperanzas, que aguantan todo su peso en directores de vieja escuela como Eastwood o Tarantino, por mencionar los que están más en la palestra, y algunas sorpresas de por medio, Paul T.Anderson, James Gray , David Fincher, o inclusive Gus Van Sant, aunque éste último muy irregular, pinchando con el biopic de Harvey Milk.

La búsqueda de la autenticidad es tramposa, y puede jugarte malas pasadas, tanto es el extremo de concebir el público como la máxima expresión del cine que uno realiza, como la persecución de lo radicalidad vacua que tiene tanto o más en cuenta al público, es decir, éste último grupo propone ideas antes no catadas, pseudoprovocativas con procedimientos vanguardistas, sobretodo haciendo hincapié en los usos de la tecnología actual, todo ello sería fabuloso si el resultado fuese coherente y no un trabajo pretencioso de snob, que termina dejándome el sabor de un pavo real sin nada que enseñarme verdaderamente.

Para poder perfilar esto último podría citar a: Aronofsky (¿quien no mira en el google su apellido? ya tengo un truco: pensar en fosquitos) Boyle, Gondry, Lars von Trier … entre muchos.

Y es que a veces tengo la sensación que todos los caminos a los que se acogen noveles directores son caminos de puertas ya iniciadas, no me refiero a influenciados, (pues es complejo eludir ello si te has empapado de cine) sino, más bien imitadores de esencias: sea las interpersonales de W.Allen o E.Róhmer, los collage setenteros de historietas frescas de Tarantino (ejemplo de director tremendamente influenciado sin llegar a ser imitador de pega), las psicodélicas de Fellini, la artesanía del suspense y la intriga de Hithcock… y así un largo etcétera.

Puede que todo ello, me lleve a la conclusión de que mi exigencia conlleva más frustaciones que quién le pide poco a una película. También cuenta aquí la prioridad que cada uno pueda darle el cine en su vida, no estoy adoctrinando, esto como siempre son visiones absolutamente subjetivas, aunque intento hacerlas de vez en cuando algo objetivas, suele ser más didáctico, díficil también cuando el tema a departir es arte. Cine cine cine….no es una mera vía de escape ante la realidad, diría que forma parte de ella, sin darme cuenta, no todas las películas que una persona ve a lo largo de su vida son identificativas en cada uno, pero si es cierto, que si uno investiga, observa y analiza, ve en el cine una herramienta, más que potente, para jugar con los límites de nuestra mente y poner en tela de juicio nuestra doble moralidad, y las distintas personalidades que podemos jugar en un mismo día, sin ser conscientes de ello, claro…siempre diremos al ver los créditos finales “Esto es solo cine”, obviamente lo es, pero las películas que realmente han marcado de algún modo han sabido confundirla con nuestra realidad de forma natural, o nos la han mostrado dispersa para no ser simples ojos que asienten, sino ser capaces de ser críticos y poder comprender puntos que, aparentemente en nuestra realidad, son completamente contrarios a nuestros pensamientos. También las hay que han canalizado el cine para ensalzar belleza poética en secuencias, que seguramente hayamos visto millones de veces en directo y nos recuerden que no es solo bello en una gran pantalla. Solo el hecho de sentirte más vivo que nunca, es causa de cine, ya. Melancolía, amor, alegría, euforia, dudas, decisiones…. Soy persona de saber combinar una elaborada caracterización de personajes como una historia sólida y completamente coherente a los personajes construidos. No hay límites, sea una base documental, experimental, de cualquier género, siempre y que el ambiente no esté cargado de radicalismo hueco e insulso que no deja de ser un escaparate para llamar la atención de algo que en realidad no se posee, estilo propio natural.

Al final como todo, las contradicciones en las personas, en la vida, son lo más atractivo en el cine, y nada es incompatible hasta que se demuestre lo contrario.

domingo, 14 de septiembre de 2008

Ni si quiera te llaman Batman






He contemplado el entierro de la magia, alzándose ante mi un Batman adulto, si hasta desapareció "Batman" del título de la película, y el uniforme parece sacado del armario de Terminator, con la poesia que derrochaba ese aire cool y carnavalero de Burton.

Que te ocurrió, Nolan, has dejado de creer en la infancia para tragarte todos los cómics de Miller a rajatabla? ¿Qué pasa con esta revisión tan petulante del superhéroe? porque es lo que es, por muy oscuro y siniestro que parezca no deja de hacer obras de caridad. ¿Que tiene de malo el entretenimiento sin pretensiones filosóficas? ¿acaso la calidad se mide por nivel de dramatización? a este irritante e insufrible Bruce Wayne lo han endiosado a nivel de escultura etiquetando la película como la “Masterpiece” del género, si ya de por si estaba muy lejos de algo tan categórico, con esta soporífera entrega está a años luz. Reconocer que Bruce no es más que una simple marioneta para dar contraste al excesivo y grotesco Jóker, que es lo único realmente entretenido y auténtico de la película, pese a que sus muecas sean a marchas forzadas, no deja de ser un payaso bien resuelto, ¿por qué? pues sencillamente porque la caracterización desmesurada es uno de los atractivos de películas con esta temática, aquí la sobriedad ha matado todo, excepto lo único que combatía contra ella, el Jóker. Un género como este tiene sus limitaciones, a mi entender, y supongo que el tiro fácil es precisamente eliminar lo más arraigado a éste, que es la magia, la distracción que sugiere lo que no es real, ni jamás lo será, para luego venderlo como algo épico y colgarse el título de “Yo, Nolan, he conseguido darle una nueva visión al cine de superhéroes”, no... para mi lo has retrocedido, acobardándote de no poder hacerte cargo para potenciar la inocencia de un género así, que opino que debería perdurar siempre, y eso no significa idiotizarlo.

Además, lo peor de todo no es la seriedad somnífera que derrocha la película, sino que la usa como una especie de ejercicio didáctico para machacar una y otra vez el mensaje de “los grisáceos”, ese en el que confunde al espectador sobre la bondad y la maldad para luego proponer una secuencia ejemplar, (la propuesta era atractiva, pero la sentencia de ésta es absolutamente absurda) pero todos sabemos que el final entre aquellos dos barcos jamás hubiese acabado así, el instinto de supervivencia era prioritario en esos momentos, y ello es algo incoherente cuando te pasas todo el largometraje glorificando el hiperrealismo del superhéroe y dándotelas con la objetividad de lo qué está mal y bien, si te la juegas en ese aspecto juégatela ahí también.

Como bien dijo mi compañero de Lokuos al salir del cine, Batman parece un 007 o una Misión Imposible, más.... añadiría un John McClane. Y cuán de acertado fue su comentario, si además le incluimos un poco de filosofía barata tenemos un despropósito que vende la moto gracias a una potente campaña publicitaria, un Jóker que no recogerá el Oscar nunca, y una falsa seriedad tras el murciélago a la que muchos críticos le dan orgasmos inexplicablemente.

Para mi es una cinta de acción más que olvidable. Tal como lo veo, Nolan no supo recoger el relevo de Burton, que al menos su ambiente y aspecto carnavalesco no engaña a nadie, es lo que es sin pretensiones, y sin por ello alejarse de la parte pura de este género, el divertimento por lo excesivo y absurdo, de todos modos nunca fue lo mejor del repertorio del oscurantista realizador.

viernes, 4 de julio de 2008

Vértigo y su herencia a Instinto Básico





Antes de empezar a trazar línias similares entre Vértigo e Instinto Básico, diré que ésta última la vi antes que Vértigo, vamos que la de Hitchcock hace cuatro días que la descubrí, como quién dice.

He visto varias referencias en Shangri-La y algunas me parecen realmente rocambolescas, y sin embargo, no hace ni una mínima mención a Instinto Básico, que pudiendo no poseer la profundidad artística reclamada por algunos prestigiosos críticos, pienso que es la que más se acerca, y no sólo con ello queda satisfecho, sino que le homenajea. Desdeluego lo que no se le puede achacar al holandés es de no tener bien desarrollado ese sentido morboso, pervertido e inmoral (salvando las distancias con Hithcock, que también era una buena perla). No obstante, los calificativos de uno y de otro se despliegan contrariamente, en el caso de Verhoeven, no interesa la sutileza y el ir dando tumbos por varias ramas, sino explotar su obsesión, en el caso del inglés, es más elegante y distinguido, lo cual hace un contraste algo más atractivo y menos vulgar, también hay que ser honestos, y pensar en las claras diferencias entre una época y otra, que influye -a pesar de algunos- en el cineasta.

Similitudes en Contenido

Para empezar ambas películas presentan a la mujer principal como una elevación de la persona, como algo inalcanzable, con un potente carisma que se extiende plano a plano con su aparición, y un misterio turbio que se esconde tras ellas. La semejanza no escapa tampoco en el caso de los detectives. Tanto el uno como el otro dejan entrever la debilidad en su buen proceder dentro su profesión, uno tiene vértigo y el otro es un adicto al alcohol y las drogas. No sólo eso, sino que ambas mujeres -por si no fuese poco su despligue de atracción fatal- aprovechan esas acusadas debilidades para atraerles a su terreno y moverles a su antojo. En un caso la fobia de Scootie es primordial para el complot, y las adicciones de Nick perfectas para apoyarse en una defensa donde poner en tela juicio la posición de éste y la de la acusada. Siguiendo con las similitudes de contenido, podemos también hacer referencia al triángulo amoroso entre los protagonistas, y un tercer sujeto para crear el contraste y la discordia, en uno es Midge quién abanderará ese puesto y en el otro la Dra. Beth, ambas serán unas analistas de la relación principal además de ser amantes del detective y unas timadoras, en el sentido de que tanto una como la otra en ciertas secuencias dejan entrever su admiración y las ganas de arrebatar el poder monopolizador de las chicas protagonistas (el cuadro y la imitación). En el caso de la película de Verhoeven el macguffin es el asesinato y todo lo que rodea la investigación de nick, el contenido primordial es ese instinto básico, que destroza cualquier resquicio moral y políticamente correcto, el cual es tan acusante en el caso de Vértigo.

Similitudes en Forma

Los travelling de las carreteras, ladeando las montañas mientras suena el tema principal con una música melódica y siniestra. (comentar que una vez más, la música que se emplea en Instinto Básico, tiene unos aires muy familiarizados con la de Vértigo) Además de ello, la presentación estilística entre Novak y Stone es bastante alarmante por su gran semejanza, bueno ya vistéis el fotograma que colgué anteriormente, es que me pareció muy cantoso, y no sólo eso, iré más allá, en el momento que tanto Madeleine como Catherine (hasta los nombres son parecidos fonéticamente!) abren la vereda de su corazón, lo hacen en escenas concretas, con el pelo mojado y suelto, una frentre la chimenea de casa de Scootie tomando un café, y la otra enfrente una hoguera en la playa (también tomando un café!) mientras, ambos detectives las admiran al mismo tiempo que intentan resolver el enigma que les envuelve. Claro que, en un caso no se consumió y de ahí la fuerte tensión sexual, pero sin embargo, si pudimos ver una de las escenas más explícitas de la película, el cuerpo desnudo de Madeleine tapándose con las sábanas mientras Scootie la miraba, en cambio en el caso del holandés, se habían dado un revolcón antológico xD. Otro aspecto a destacar, es el momento del rastreo y seguimiento de Madeleine y Catherine, la puesta en escena de la última, es un claro énfasis de la primera. Ambas sabían que les espiaban y les seguían, lo cual es más interesante.

Ni que decir que todo lo comentado en este post no tiene citas, ni referencias a estudios serios que apoyen mi teoría, es simplemente un ejercicio de análisis, y perspectiva entre una película y otra, puro entretenimiento para servidora. Lógicamente, existen diferencias importantes como toda la parte en que Scootie conoce a Judy, o toda la parte de la amante lesbiana que tiene Catherine, los asesinatos... bueno, si nos ponemos seguramente hayan diferencias a patadas, pero el fondo y su esencia, en mi opinión, si no són idénticas, son muy similares xD.

Para terminar, como último apunte, al final de ambas cintas te das cuenta de que nadie es un cordero y de que todos pueden ser leones.